La histórica inauguración de la nueva costanera de Goya no estuvo exenta de fricciones sociales. Mientras las autoridades locales y provinciales realizaban el corte de cintas, un nutrido grupo de manifestantes —integrado por docentes, ex empleados de la Textil Alal y ex trabajadores municipales— se encontró con un fuerte vallado policial que les impidió acercarse al epicentro del evento.

El despliegue de seguridad, apostado en puntos estratégicos de acceso, funcionó como un filtro que evitó que las consignas de protesta llegaran a oídos de los funcionarios presentes. Los trabajadores de Alal, que vienen reclamando por despidos e indemnizaciones, junto a los docentes que sostienen un duro conflicto con el Ministerio de Educación, expresaron su malestar al verse imposibilitados de visibilizar sus demandas en el marco de una convocatoria masiva de público.
Desde los sectores gremiales calificaron la medida como un intento de «invisibilizar la crisis» en medio de los festejos. Aunque desde el ámbito oficial no se emitió un comunicado específico sobre el alcance de los retenes, la situación dejó en evidencia el complejo clima social que atraviesa Goya. A pesar del trasfondo de conflicto y la tensión en los alrededores, el acto oficial se desarrolló según lo previsto, aunque el reclamo por salarios y estabilidad laboral sigue siendo una cuenta pendiente que el ruido de la fiesta no logró acallar.
