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¿Los «yuyitos» del té pueden ser peligrosos?: la UNNE investiga la toxicidad de 16 plantas digestivas usadas en el Nordeste

En la mayoría de los hogares de Goya y el interior correntino, el recurso inmediato ante un malestar estomacal, acidez o pesadez tras una comida familiar suele ser una infusión de hierbas medicinales. Especies como el burrito, el poleo, el llantén o la marcela forman parte del botiquín natural transmitido de generación en generación. Sin embargo, detrás de esta costumbre popular convive un vacío de conocimiento científico: hasta qué punto estas plantas son totalmente inocuas y cuáles son las dosis seguras para el consumo.

Para dar respuestas concretas a la comunidad, una investigación liderada por científicos de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y el CONICET analiza el nivel de toxicidad y los efectos en el organismo de 16 especies vegetales utilizadas por la etnomedicina regional. El trabajo busca determinar no solo qué compuestos químicos poseen, sino cómo influyen factores como el suelo de recolección y la estación del año en la concentración de sus principios activos.

Del saber popular a la alerta sanitaria por sobredosificación

Aunque la sabiduría criolla atribuye únicamente propiedades benéficas a la flora nativa, varios de los «yuyos» de uso habitual contienen sustancias que, en determinadas proporciones o ante un consumo prolongado, pueden generar efectos adversos graves. Es el caso del paico —asociado con cuadros de intoxicación pediátrica—, el ajenjo y ciertas variedades de burrito, que contienen tuyona, una sustancia capaz de desencadenar convulsiones en dosis elevadas. En tanto, el uso continuado de boldo brasilero puede comprometer el funcionamiento hepático y renal.

El equipo de investigación, que desarrolla sus tareas en el Laboratorio de Productos Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas (FaCENA), recrea en laboratorio las preparaciones tal como las elabora el vecino en su casa: mediante infusiones y decocciones en agua caliente. De esta manera, las muestras obtenidas reflejan las condiciones reales de ingesta para evaluar de forma certera la respuesta biológica.

Ensayos científicos y el impacto según la época de cosecha

Las pruebas de laboratorio contemplan un proceso gradual. En primera instancia, se testea el nivel de toxicidad de cada muestra sobre organismos de prueba para establecer un parámetro de riesgo inicial. Aquellas plantas que exhiben marcadores de alerta pasan a una segunda fase donde se analiza si los compuestos alteran el material genético celular. La meta final es fijar una escala de graduación que indique a partir de qué cantidad exacta una infusión medicinal deja de ser un alivio y se convierte en un riesgo.

Un aspecto clave del estudio es verificar cómo cambia la composición de la planta según la época del año en que se junta y la zona geográfica donde creció. Un mismo ejemplar de poleo o menta recolectado en un campo seco durante el invierno puede presentar concentraciones químicas muy distintas a uno cosechado en un terreno húmedo en primavera, dato fundamental para los recolectores y familias del interior provincial.

Validar la tradición para cuidar la salud de la familia

Los resultados de esta investigación científica tendrán un impacto directo en la vida cotidiana y en la atención primaria de la salud en la provincia. Al determinar concentraciones de uso seguro, el sistema de salud pública podrá emitir pautas claras de prevención, evitando accidentes domésticos o intoxicaciones, especialmente en sectores vulnerables como niños, adultos mayores o pacientes con patologías crónicas.

Lejos de desalentar el uso de las plantas medicinales, el trabajo de la UNNE busca validar el saber ancestral con evidencia científica. Establecer normas de preparación y dosificación permitirá proteger la memoria cultural del Nordeste, garantizando que el remedio casero siga siendo una alternativa accesible pero, sobre todo, segura para la población.