Después de 25 años de complejas negociaciones, la Unión Europea (UE) dio este viernes un paso trascendental al aprobar el acuerdo de libre comercio con el Mercosur. Esta decisión, lograda tras una mayoría clave en Bruselas con el apoyo de potencias como Alemania y España, habilita la firma inmediata del pacto en Paraguay. Para la Argentina, y en particular para provincias productoras como Corrientes, este tratado representa la apertura de un mercado integrado de 780 millones de consumidores con un alto poder adquisitivo.

El sector agroindustrial recibió la noticia con entusiasmo pero con cautela sobre la «letra chica». Desde la Mesa de Enlace y el Consejo Agroindustrial Argentino destacaron que el acuerdo permitirá que productos locales como la carne, los cítricos y los granos ingresen a Europa con aranceles reducidos o nulos. Para la ganadería correntina, el impacto es directo: expertos del sector señalan que el tratado contempla la eliminación de aranceles para la Cuota Hilton y un cupo adicional de 100.000 toneladas de carne para el bloque sudamericano, lo que posiciona a nuestras estancias en una competencia directa con los mejores productores del mundo.
Sin embargo, el camino hacia la implementación total no está exento de desafíos. El acuerdo aún debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y por los congresos de cada país miembro. Además, persisten tensiones ambientales: países como Francia y Polonia se oponen firmemente, alegando riesgos para sus propios agricultores. Un punto crítico para los productores locales será la Resolución 1115 de la UE, que exige certificar que los productos exportados no provengan de zonas deforestadas después de 2020, una normativa que Corrientes deberá atender para garantizar la trazabilidad de su producción forestal y ganadera.
Para economías regionales como la de Goya, el acuerdo es una «ventana de oportunidades». La posibilidad de colocar cítricos y carnes en góndolas europeas bajo condiciones preferenciales no solo implica mayor ingreso de divisas, sino también un incentivo para mejorar los estándares de calidad y sanidad. Como señalaron desde Coninagro, este tratado es un puente para que el interior productivo demuestre su capacidad de competir en las grandes ligas de la calidad alimentaria mundial, generando arraigo y desarrollo en nuestras comunidades rurales de cara al 2026.