El Instituto San Martín implementó con éxito una política de «celulares cero» durante la jornada escolar, logrando resultados que sorprenden a la propia comunidad educativa. Según el rector Gustavo López, la medida no solo mejoró el rendimiento académico, sino que devolvió a los estudiantes el hábito de la conversación cara a cara.
Los puntos centrales de la medida:
- De la regulación a la prohibición: Tras intentar un sistema de «bolsilleros» el año pasado, la institución decidió que los dispositivos deben permanecer apagados dentro de las mochilas. «Si el celular se ve, hay sanción», explicó López.
- El «bullicio» del reencuentro: Uno de los efectos más inmediatos fue el aumento del ruido en los recreos. Los alumnos dejaron de estar encorvados sobre las pantallas para salir a los patios y conversar.
- Uso pedagógico controlado: La institución no rechaza la tecnología; cuando un docente requiere el uso de dispositivos para un trabajo específico, se notifica a los padres y se habilita el uso solo para esa actividad y horario.
- Apoyo de las familias: Pese al choque cultural inicial, los padres han respaldado la medida, entendiendo que beneficia la atención y la estabilidad emocional de los jóvenes.
«No hacemos de policías, es un control que los mismos chicos tomaron como positivo», concluyó el rector, destacando que el foco ahora está en recuperar la socialización real.