Las especulaciones meteorológicas llegaron a su fin para dar paso a las certezas científicas. El Observatorio de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), en un trabajo coordinado junto a la Universidade Federal de Santa María de Rio Grande do Sul (Brasil), confirmó que el fenómeno climático global de «El Niño» ya se encuentra plenamente establecido en la región del Nordeste argentino (NEA). Según los expertos, existe una probabilidad cercana al 100% de que estas condiciones de calentamiento anómalo en el Pacífico ecuatorial se extiendan durante todo el segundo semestre de 2026, con proyecciones de fortalecerse y alcanzar niveles moderados a fuertes hacia el final del año.

El informe técnico, elaborado con datos consolidados del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la NOAA de los Estados Unidos y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierte que la región ingresará de forma paulatina en un escenario de vulnerabilidad hídrica. Si bien el trimestre comprendido entre julio, agosto y septiembre muestra proyecciones de precipitaciones dentro de los parámetros normales, los meteorólogos aclaran que la «normalidad» invernal en el Litoral no anula la posibilidad de tormentas localmente intensas, capaces de saturar sistemas urbanos de drenaje poco preparados.
Para la provincia de Corrientes, el dato más sensible del reporte hidroambiental está asociado al comportamiento del río Paraná y sus afluentes. Los modelos de predicción a mediano plazo que procesa el programa europeo Copernicus indican que el caudal del río frente a las costas correntinas iniciará un proceso de recuperación gradual y sostenido a partir de septiembre. Los niveles se normalizarán plenamente en octubre, pero se proyecta que durante noviembre y diciembre el volumen de agua transportado por la Cuenca del Plata se ubique muy por encima de la media histórica regional.
Este incremento hídrico no dependerá únicamente del nivel de precipitaciones locales, sino del aporte masivo que registrará la cuenca alta en el sur de Brasil y Paraguay. El aumento de los caudales en los ríos Iguazú, Paraguay y el propio Paraná superior impactará directamente en todo el tramo medio del río, encendiendo luces amarillas para las poblaciones ribereñas de la región metropolitana Corrientes-Gran Resistencia y para las localidades situadas aguas abajo, como Bella Vista, Esquina y, fundamentalmente, la ciudad de Goya.
La confirmación del fenómeno plantea un desafío directo de gestión para los gobiernos municipales de la costa del Paraná. En ciudades como Goya, con un historial complejo frente a las crecidas y las lluvias intensas del ciclo sudestada, la ventana de tiempo que ofrece el invierno debe ser utilizada de forma estratégica. Los especialistas de la UNNE recomiendan aplicar de inmediato medidas de «bajo arrepentimiento»: tareas de mantenimiento preventivo en estaciones de bombeo, desobstrucción de canales pluviales de cielo abierto y un monitoreo estricto de los sistemas de defensa costera.
La prevención y la planificación anticipada, lejos de sembrar alarma en la comunidad, deben funcionar como un vector de resiliencia urbana. El mensaje del consorcio universitario binacional apunta a que las administraciones locales coordinen esfuerzos junto a Defensa Civil y los consorcios camineros para mitigar pérdidas económicas en el sector productivo y evitar anegamientos en los asentamientos más vulnerables. La llegada de la primavera marcará el inicio del período de máxima exigencia hidrológica para toda la provincia.